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Abril 18 de 2018

1. Mantén tu bicicleta limpia y en buenas condiciones

 Si bien es recomendable conservar en todo momento tu bicicleta en las mejores condiciones, es especialmente importante que todo funcione a la perfección en época de lluvias. Muchas partes de la bici deben estar engrasadas para trabajar adecuadamente y la lluvia lava esa grasa que permite el movimiento de la cadena, los cambios, piñones, etcétera; además de que puede oxidar algunas otras, como la estrella y algunos elementos del cuadro. También es bueno reducir un poco la presión de las llantas para que tengan un mejor agarre y fricción sobre el asfalto.

 Lava y engrasa tu bicicleta por lo menos una vez a la semana para que dé lo mejor de sí cuando la uses para transportarte.

2. Usa ropa y calzado adecuados

 Muchas veces utilizamos nuestra bicicleta para ir a trabajar o a lugares en los que la presentación es fundamental y si comienza a llover, es probable que terminemos nuestro recorrido completamente empapados, con el agua hasta en los calcetines. Es por esto que es muy importante contar con ropa que nos proteja de mojarnos y que nos mantenga calientes y visibles para que, además, no suframos alguna lesión por la actividad física o el tráfico de la ciudad.

 Un impermeable con material reflejante, guardabotas para mantener tus zapatos secos, guantes antiderrapantes, lentes de color ámbar para aumentar la visibilidad y un cambio de ropa seca en la mochila son indispensables para que arribes completamente seco y calientito a tu destino.

 También existen muchas marcas de ropa localizables en Internet que fabrican pantalones, camisas y sacos a prueba de agua para llegar con estilo a tu trabajo.

3. Instala luces y salpicaderas a tu bicicleta

 Si bien podríamos pensar que las luces de la bicicleta sólo sirven cuando rodamos en la noche, los automovilistas, peatones y los ciclistas pierden muchísima visibilidad de lo que pasa a su alrededor con la lluvia. Unas buenas luces rojas traseras y blancas delanteras, además de iluminación para tu casco, pueden ayudarte a que los autos y los peatones te vean sin problemas y para que tú puedas ver el asfalto y el camino con más facilidad. Asimismo, instalar salpicaderas (guardabarros), sobre todo los traseros, puede ayudarte a conservar el asiento y el cuadro limpios, lo mismo que tu espalda.

4. Traza una ruta de viaje 

En cualquier momento es bueno trazar una ruta de tu recorrido por la ciudad, sin embargo, esto se vuelve sumamente importante a la hora de enfrentar a la lluvia. Evitar regiones donde se acumule el tráfico, así como calles mal pavimentadas y con muchos baches te ayudará a llegar más rápido y a salvo a donde vayas. Considera también que el tiempo que te llevará arribar a tu destino se incrementa si comienza a llover, por lo que debes salir un poco antes para no retrasarte.

5. Aprende a frenar y mantén tu distancia

 Aunque en condiciones normales lo mejor es frenar con el freno trasero y después incorporar el delantero si es necesario; cuando llueve es más efectivo frenar primero con el freno delantero y poco a poco ir activando el trasero, esto se debe a que, sobre terreno mojado, es en la llanta delantera donde se acumula la inercia del frenado, por lo que si intentamos detenernos con el freno trasero, lo más probable es que la llanta se trabe y derrape con el pavimento, por lo que corremos el peligro de chocar con algún obstáculo.

 También es importante que mantengas tu distancia ante automovilistas, peatones y otros ciclistas, ya que es más probable que no puedas frenar completamente con el asfalto mojado.

6. Cuídate de los charcos y de las manchas de aceite

 Los charcos y las manchas de aceite son los mayores enemigos de cualquier ciclista que se atreva a rodar bajo la lluvia. Sin embargo, es necesario que aprendamos a saber cuándo esquivarlos y cuándo sólo pasar sobre ellos con cuidado. Por ejemplo, cuando los charcos son pequeños intenta pasar sobre ellos lentamente y sujetando con firmeza el manubrio, esto para no correr el riesgo de caer en un hoyo que esté cubierto por el agua.

Sin embargo, cuando un charco es muy grande, intenta esquivarlo teniendo la precaución de voltear a ver con anticipación si no estás frente a un auto que no pueda esquivarte si es que te metes en su camino. Por el contrario, esquiva con cuidado todas las manchas multicolores, éstas se forman con el aceite de los carros y al estar en contacto con las llantas de la bicicleta dejan una capa sumamente resbaladiza que podría hacerte caer en cualquier curva o al momento de frenar.

Fuente: El Economista